La sádica, retorcida y fascinante
Que usaba las notas de amor
de sus amantes
Para componer canciones de penas
sin letras
Más que desconcertantes
Se reía, creyéndose libre
En su mesa de alabastro, cual niña
A los pobres miserables que en sus redes caían
Se les oía
esos lamentos tan tristes
Picadillo de sesera, corazón y vientre
De eso se alimenta
Se nutre, le da fuerza
Y a aquellos que desfilan por su puerta
Les da su carne de insensible
Para que la recuerden siempre
Intentabas callar
Mi boca seca de pedir perdones
Cuando
por tu puerta no hacían más que desfilar pendones
Con la lascivia en sus bocas
Y tu saliva en sus pezones
Lo que tú pensabas osadía
No era más que paganismo
Imagen de culto
Narcisista
Y hasta había quien te pagaba
Por tus artes de mano y punto
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